De la fragilidad y la ternura: sostener y acompañar la infancia y adolescencia. (Reflexiones a propósito de un caso de violencia paterna)

José Leal Rubio

Resumen


El desvalimiento originario marca en el sujeto la condición vulnerable y establece el cuidado como modo de protección. La ternura es la condición para el cuidado y requiere la percepción de la fragilidad estructural del ser. Cuando no se ha instaurado la ternura, este queda desamparado y expuesto a una soledad que daña desde el inicio su modo de estar en el mundo y construir su vida en sociedad. El adulto que acompaña al bebé, posteriormente al niño, luego al adolescente, moviliza sus experiencias y sus carencias ante la demanda herida que busca protección. Podrá darla si lo que mueve en él fueron experiencias de contención y se conmueve ante dicho pedido. Cuando no ha sido así, al desamparo por la necesidad no satisfecha se une la vivencia precoz del desamparo de quien lo atiende y se instala la situación de riesgo y desprotección.A partir de una historia de violencia de un padre sobre su bebé, engarzo una serie de reflexiones sobre la fragilidad, los determinantes sociales en la crianza y los modos con que, desde la clínica y los otros lugares de vida, se puede hacer frente al sufrimiento por desamparo y a la generación de experiencias que calmen el malestar y abran vías de esperanza y posibilidades de construir una vida que valga la pena ser vivida. La aceptación de la condición vulnerable y de ser seres en falta, lejos de ser un problema, abre la vía a la construcción del cuidado colectivo y ahuyenta el riesgo de un sujeto ensimismado y dominado por una supuesta completitud y la violencia que dicha posición genera.

Palabras clave


desvalimiento originario, condición vulnerable, ternura, violencia

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Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría.
EISSN: 2340 2733 (Versión digital)
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