Con Burton: tristeza voluntaria e involuntaria.

Fernando Colina Pérez

Resumen


Probablemente, cuando los historiadores del futuro analicen nuestro trato actual con la melancolía, tendrán ante sí una incómoda investigación. Pues sospecho que, al situarnos en el foco de su perspectiva para enjuiciar con atención la experiencia vivida y las ideas que hoy nos incumben sobre la tristeza, indagando su conexión retrospectiva con tiempos precedentes, tropezarán con una dificultad curiosa. Por un lado, comentarán nuestro ridículo y mendaz trato con lo triste; el vivo rechazo con que, del mismo modo que en otros tiempos pero hoy con apariencias distintas, nos esforzamos por alejarnos de la aflicción y el desconsuelo bajo el fácil pretexto de que semejantes emociones, como si se tratara de un postizo incongruente, permanecen al margen de nuestra voluntad y decisión. Quien sabe, incluso, si no fecharán por ese motivo, alrededor de nuestro más o menos amplio presente, un periodo histórico nuevo. Una época, por lo tanto, en la que la intolerancia hacia lo triste se alinee con esa corriente secular que, periódicamente, a lo largo de los siglos, ha forjado en la vida de los hombres un talante contrario a la melancolía: bien sea durante el optimismo estoico, el temor medieval, el laberinto barroco, el libertinaje ilustrado y ahora, en consonancia con aquellos momentos precedentes, ante el desprecio con que el concepto de lo depresivo rehúsa la subjetivación del dolor y cree que, de ese modo, nos exonera de toda responsabilidad ante la tristeza.

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Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría.
EISSN: 2340 2733 (Versión digital)
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